La valoración positiva de que disfruta el trabajo
en nuestra sociedad, como elemento primordial en la vida
de las personas, hace que resulte complicado establecer
el momento en que esta ocupación sobrepasa unos
determinados límites y se convierte en una adicción.
Para poder hablar de adicción al trabajo y diferenciarla
de aquellos períodos concretos en los cuales se
produce un incremento del trabajo habitual, hará
falta que tengan lugar unos determinados signos de alarma.
Por ejemplo, que el adicto organice toda su vida en torno
al objeto adictivo, en este caso, el trabajo. Esta relación
laboral le absorberá de manera importante, convirtiéndose
en una necesidad y escapando al acto voluntario. En estos
casos, el afectado anticipa, a cambio, unas recompensas
positivas: incentivos económicos, reconocimiento,
etc. Progresivamente, esta conducta se va convirtiendo
en un círculo vicioso y se ponen de manifiesto
toda una serie de consecuencias negativas:
A nivel físico: fatiga, insomnio,
pérdida de peso y apetito, trastornos sexuales...
A nivel psíquico y somático:
ansiedad, irritabilidad, falta de concentración
y atención, síntomas depresivos (tristeza,
apatía...).
A nivel relacional: disminución
de la comunicación con amigos y familiares, falta
de interés, reducción o abandono de todas
aquellas actividades no vinculadas al trabajo...
Para contrarrestar estas fuentes de malestar que genera
la propia adicción, se puede producir el abuso
de sustancias como el alcohol, el café, el tabaco
o los ansiolíticos.
La adicción al trabajo no se presenta en cualquier
tipo de ocupación. Según los especialistas
de ISEP Clínic, en trabajos rutinarios, con baja
competitividad y pocas posibilidades de promoción,
no se suele desarrollar. En cambio, es probable que surja
en trabajos orientados a objetivos, en los cuales existe
la posibilidad de lograr incentivos y en donde la competencia,
tanto interna como externa, se encuentra a la orden del
día.
Del mismo modo, no todo el mundo que trabaja en estos
ámbitos generará este tipo de adicción.
Será más probable que eso ocurra a partir
de unos determinados patrones de personalidad:
· Personas altamente ambiciosas, para quienes
la consecución de determinados objetivos económicos,
profesionales o de posicionamiento social será
prioritaria.
· Personas inseguras, con baja autoestima, que
fácilmente se sienten superadas ante pequeños
obstáculos. · Personas con dificultades
para establecer relaciones personales y que encuentran
en la profesión la manera de llenar este vacío.
Según los profesionales de ISEP Clínic,
el trabajo del psicólogo, en estos casos, irá
encaminado a establecer, una vez explorada e identificada
la problemática concreta de la persona adicta,
una serie de medidas que permitan un cambio significativo
en la vinculación con el entorno laboral y la recuperación
de un estilo de vida satisfactorio a todos los niveles.
Firmado: ISEP Instituto Superior de
Estudios Psicológicos
Opinión publicada en: www.isep.es